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La Forma y Textura de las Plantas

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http://taigafloristas.comEl color de la flor por sí solo no da al jardín esa apariencia atractiva que admiramos. También hay que tener en cuenta cómo se relacionan entre sí las formas y las texturas. Como forma básica el seto alrededor del jardín da una sensación de protección, definiendo los límites del jardín y suministrando un fondo contra el cual se pueden ver muchas plantas. También define el tono del jardín. Si está recortado, da una apariencia formal; si no es así, puede dar una sensación de informalidad. Algunos arbustos de setos informales, tales como los Berberis, no hay que recortarlos si queremos que echen flores.

Los árboles y los arbustos son otras de las formas de fondo del jardín. En general, las formas de estas plantas no actúan nada más que como telón de fondo. Ocasionalmente se pueden plantar para dar un énfasis extra. Las plantas altas y con forma de columna ponen el acento en la forma vertical, mientras que las plantas trepadoras atraen la vista hacia arriba y hacia fuera del jardín. Es obvio, por lo tanto, que hay que disponer las plantas verticales detrás de otras plantas. Por el contrario, los arbustos bajos, creciendo aras del suelo, y las herbáceas para el mismo objetivo, tienden a atraer la vista hacia abajo y por ello se deberían plantar en la parte frontal de los arriates y en los bordes de los senderos.

El efecto tapizante de algunas planas, especialmente aquellas que cubren el suelo uniformemente, se puede romper con otras formas. Las redondeadas funcionan como un suave indicio de que existen otras cosas alrededor, y las más puntiagudas, tales como las Delphinium y las enredaderas del digital, producen un efecto vertical sorprendente. Un arriate con plantas de la misma forma resulta aburrido. Afortunadamente se dispone de un número suficientemente amplio de plantas con diferentes formas y estructuras como para variar la apariencia de un jardín.

Los árboles, los arbustos y las plantas herbáceas de aspecto llamativo se pueden utilizar como focos de atención o como esculturas, de forma individual o integrada en un arriate. Imagine las espirales de las altas Delphinium apuntando hacia el cielo, o la escultural figura del cardo gigante como si acabase de irrumpir en un arriate de herbáceas, o una planta solitaria de Cornus contraversa, con sus plateadas hojas horizontales poniendo de relieve el fondo oscuro de las coníferas.

Existen dos plantas con un perfil similar, pero cuando otros factores tales como la forma y la densidad de las hojas se tienen en cuenta, pueden parecer bastante diferentes. Por ejemplo, la apariencia del tamarindo y la de algunos rododendros es muy similar, pero el efecto varía como de la noche al día. El tamarindo tiene un follaje fino y suave y flores dentadas aterciopeladas, dando una sensación de iluminación y amplitud; mientras que el rododendro tiene hojas largas y sedosas de un color sombrío y racimos grandes y pesados de flores, dando una sensación de solidez y firmeza.

Las hojas de las plantas duran mucho más que las flores y por lo tanto tienen un efecto más duradero en la apariencia del jardín. Lo mismo que con el color, demasiada variación en un jardín puede resultar molesta, pero, de la misma manera, la poca variación resulta aburrida. La vista de unas coníferas sin relieve es como la de un cuadro, con el cual, incluso variando la forma y el color de otras plantas, poco puede hacerse para que resalte. Aún colocando una especie de tapiz de brezos alrededor de los bordes, no se mejorará la apariencia sino que se incrementará la sensación de aburrimiento.

Algunas plantas son terriblemente monótonas, tanto por forma como por el follaje, una vez que se han quedado sin flores. La Viburnum farreri por ejemplo, tiene valor por la fragancia de sus flores durante el invierno.

Pero durante el resto del año sus tallos encogidos y rígidos estaría mejor tapados por otras plantas, ya sea plantándolas hacia la parte trasera del arriate, o sembrando una trepadora al lado para darle más interés después del invierno.

Cuando se piensa en forma y en textura no se debe considerar solamente las hojas y la planta; la forma en la espiga o capullo de la flor es también importante. No tenemos nada más que pensar en las superficies planas de la Aquilea, las bolas de la Allium, los candelabros gruesos de la astilbe o las altas espirales de la Delphinium para apreciar el efecto que éstas pueden tener en la apariencia del jardín.

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